miércoles 4 de noviembre de 2009

Andrea.

Érase una vez, y así empezó la historia de una princesa en el mundo de las pesadillas.
Su castillo, gigantesco, con alaridos en la noche y sombras en cada esquina.
Ella, que brillaba con luz propia, iluminando así cada resquicio de tenebrosidad que le imponía su alrededor.
Una historia de angustia y soledad prestada, dónde de un sólo puzzle existían varios tipos de piezas, y ninguna encajaban a la perfección.
Un día subió a su torre, se quitó su vestido rosa, su corona,se despeinó el pelo y se vistió con una camiseta ancha, que le llegaba por las rodillas.
Salió al mundo, y sonrió.
Y las tierras de las pesadillas, se convirtieron en luz de estrella, humo de tabaco, y música rock.
Corrió, saltó, y gritó su nombre al viento, el mismo que repetía cuán eco, su significado: Valentía.
Éste, no es un cuento como todos aquellos que te contaron de pequeña,no es una historia de amor, sino de superación, de perfeccionismo humano.
No hay frases cargadas de ilusión y cariño, pero sí llenas de ironías y dobles sentidos.
No hay corceles, ni príncipes rescatadores, pero, ¿quién necesita héroes teniendo vodka?

lunes 2 de noviembre de 2009

Abolición.

Intentabas levantarte y seguir luchando, pero tus fuerzas, como quien dice, brillaban por su ausencia.
Tus débiles cuatro patas no pudieron sostener tus más de quinientos kilos, y, decepcionado, agachaste la cabeza y gritaste sin palabras una muerte rápida para alejar ese infierno.
Notabas la sangre brotando de tu lomo herido, y un dolor punzante con sabor a hierro atormentaba tus sentidos.
¿No esta una lucha cuerpo a cuerpo?
La valentía del torero es sinónimo de crueldad.
¿No os da verguenza, españoles, que el asesinato esté considerado fiesta nacional?

viernes 30 de octubre de 2009

Culpables.

Dulces dieciséis te repetias aflijida, ante un mechero apagado por un soplo deseoso de sueños y triunfos.
Una inestabilidad emocional que recorría tus venas, esas, con una sangre inútil, que te daba y te daría más tarde la espalda.
Nunca supiste que significa un te necesito.
Y te saltabas los recreos para más tarde volver a clase con los ojos rojos.
No te culpo, nunca lo he hecho, siempre tiendo a evadirte del mundo y ponerte ahí, al otro lado, tú no deberías entonar el Mea Culpa.
El agua fría corría por tu cuerpo, delgado, desgastado y aun así, hermoso.
El agua caliente, como ya sabes, quedaba vetado a ti, al igual que el amor maternal y el derecho a elegir tu camino.
Y un día, cuando rozabas los dieciocho, decidiste salir al mundo.
Volaste y aspiraste, mientras tus dedos y tu futuro quedaban teñidos de negro.
Entonces un amor prohibido tocó la puerta de tu inocencia perdida, y te dejaste querer.
Tus sospechas se harían realidad, al igual que aquellos deseos pedidos a un mechero en tus ahora amargos dieciséis.
Pero no, tus cadenas no habían sido cortadas, y no tenías ni voz ni voto ante una madre nacida para dictadora.
Una visita al médico, un adios al amor a la ternura y a un futuro prometedor.

lunes 26 de octubre de 2009

Dos Caras.

Vete, no te quiero en mi vida.
El simple hecho de mirarte me repugna, alguien como tú, con esa forma de dañar al prójimo no debería existir.
Fuera, fuera de mi mundo, de mi teléfono, de mi casa, de mi misma.
Odio el tacto de tu piel sobre la mía, tus manos acariciando mi pelo, mientras me dices uno de tus más hipócritas te quieros, me resultan deplorables.
No te quiero, no quiero nada de ti, de echo, no me quiero a mi misma, con eso sobran las palabras.
Un perdedor frustrado, enamorado de alguien que lo abandonó, que prefirió su libertad al maltrato, como ya te dije, nunca serás feliz.
No me busques en ella, no me encontrarás, y, aunque mis ojos al reírse sean su puta calcamonía , yo no soy ella.
Una voz callada durante demasiados años, ha sido destapada, y la ira y el dolor rebosan por mis manos.
No quiero oír mi móvil sonar, no quiero, porque se que no podré callar más, porque se que te arruinaré la vida, y la verdad es que me importaría tanto como el mercado de patatas en China.
Esa niña encerrada en el asiento de un coche, asustada y temblorosa, aprendió a abrir el pestillo, y salió al mundo, respeta mi indiferencia, será el máximo de cariño que recibas de mi.
Dos caras, ya lo dije.
Ahora no me vale un: envolví mi pasado en papel de plata.
La nieve que cubre tu pelo y tu nariz no es excusa para tus actos.

domingo 18 de octubre de 2009

Carta a mi Psicóloga.

Dijiste que tenía que escribirte mi vida, desde aquel nueve de diciembre de hace unos diecisiete años, hasta ahora mismo.
Y lo hice, o más bien, lo intenté.
Pero, cuando llevaba dos folios escritos, me di cuenta, de que no era mi vida la que contaba, si no la de los que me rodeaban:

La historia de mi madre, esa mujer que parece sacada de una canción de Sabina.
La historia de mi padre, el ser con dos caras.
Mi abuela, la culpable, como dijo Neruda, de este juego sangriento.
Mi abuelo, el manipulado manipulador.
Matata, la altruista: da su felicidad por los demás.
Papaíto, la nobleza personificada.
Y mis hermanas, Rocío y Pili, las mejores maestras de lo enseñable.
También escribí una bonita historia de amor, una de esas en las que hay una princesa encerrada en su castillo, que, en este caso, era su propia mente, y un príncipe sin espada ni lanza.

Escribí, bueno, ahí dejé de escribir, una historia de desesperación cargada de pesimismo, cuyo final, era el hospital.
Entonces me di cuenta, de que, hablando claro, esa no debería ser denominada vida.
Yo no me hubiese llamado ser vivo en ese momento, más bien, ser inerte, es decir, estaba, pero no estaba, me encontraba sumida en un profundo pozo sin salida, en el que solo me dedicaba a dormir, llorar, y, a veces, a respirar.
Entonces, sin seguir escribiendo, intenté, cronológicamente hacer un repaso a mi vida, y, me di cuenta de que algo fallaba, solo recordaba momentos bonitos, llenos de luz, desbordantes de positividad y risas a carcajadas.

¿Dónde está mi negatividad y mis pensamientos suicidas?
Se los llevaron ellos, mis amigos, los que han hecho, que ahora si me considere ser vivo.
Los que me han hecho querer salir de mi burbuja de comodidad y comerme el mundo.
Son ellos:
-Palma, la dulzura ensimismada, siempre en las nubes.
-Cristina, compañera de problemas similares, nuestra amistad, como quien dice, no es productiva.
-Alex, la alegría y la positividad plasmada en mi pared.
-Andrea, la nueva y aun así encajamos a la perfección.
Y este, como una vez me llegó en un sms, es mi año, 2009, el año en el que cambié mi mente oscura por una ropa negra, y unas camisetas coloridas por pensamientos alegres.
Como el Ave Fénix, resurgí de mis cenizas, y, en un año, dejé atrás todo lo que tenía, esa canción de Joaquín Sabina, ese ser con dos caras, y ese cuento de hadas tan sumamente perfecto, donde abundaba el color rosa en las paredes y el rojo en mis muñecas.

Ahora, soy yo misma, es mi vida, y mi vida empezó hace unos seis meses, cuando encontré a esas personas, que, supongo, se marcharán, el tiempo nos separará y, cada uno elegirá su camino, pero yo siempre los recordaré como esas cuatro personas, que me dieron, por así decirlo, la vida.

lunes 12 de octubre de 2009

Ser.

Son mis ganas de verte y tus ganas de huir.
Mis ojos negros que manchan mi cara, y los tuyos, rojos, de algo que prefiero no saber.
Somos dos perros heridos vagando por una calle sin nombre y sin asfalto.
Tu estúpida arrogancia y mi arrogante estupidez.
Tu sátira sonrisa de ganador y mi sonrisa fustrada bañada en indiferencia.
Son, como dije antes, mis ganas de verte y dejar de extrañarte.
Es esa sombra que llevas a la espalda y, que últimamente está encadenada a mi.
Mis inútiles palabras y mis gestos sordos en un inútil afán por tenerte aquí.
Tus grandiosas mentiras y tus faltas de ortografía.
Tan distante y frio que me haces enloquecer.
Somos dos almas gemelas separadas.
Somos, no, ya no somos nada.

domingo 11 de octubre de 2009

Acritudes.

Ahora que, bulimicamente me como el mundo.
Que todas esas preguntas que te hice, se me clavan, retóricas en mi garganta.
Que mis venas se atascan con el colesterol de tus dulces besos prestados.
Que derramé mis sueños junto con el salero donde guardaba mi esperanza, y, mis treinta años de mala suerte, están por empezar.
Ahora que tus veinte segundos de hipocresía bajo mi ventana se convierten en acritud.
Y mis palabras, ahora, solo son monosílabos sin más sentido que un mísero adios.